Las batallas que vienen

Publicado en por Luis Antonio García Chávez

Las batallas que vienen

La lucha política se define a partir de dos elementos fundamentales. El proyecto político que se desea imponer al largo plazo (estrategia) y las tareas del periodo para ir abonando a la construcción de ese proyecto político (táctica). Si lo anterior no se define con claridad se cae en el espontaneismo y el pragmatismo, en el mejor de los casos se abona a avanzar las condiciones particulares del actor político y su grupo, más no a transformar la realidad, o al menos no de una manera científica, siempre se podrá avanzar por suerte.

En la actualidad, enfrentamos la restauración política del PRI y su totalitarismo en México. Éste quedó evidenciado en los gobiernos que, hace no mucho, Peña Nieto ponía como referencia, a saber, Veracruz, Durango y Quintana Roo. Gobiernos sin los menores contrapesos y que sienten en sus manos la posibilidad de disponer de “vida y haciendas” de sus “súbditos”.

Este fenómeno, combinado con el incremento del narcotráfico y sus áreas de dominio, la proliferación de la inseguridad y la búsqueda de retrocesos, por parte del poder, en nuestra incipiente democracia, se convierten en los principales rivales a vencer en el corto plazo.

No cabe duda y algunos lo dirán que la transformación más importante que necesita la vida nacional es la política económica que nos rige (estrategia), sin embargo, y sin renunciar a ello ni dejar de pugnar por ello, hoy existen algunos pasos previos que dar para llegar a ese objetivo (táctica).

En ese camino de largo aliento cruzan los procesos electorales de 2017 y 2018. En ellos estamos ante la encrucijada de asestar un golpe contundente al modelo de país imperante, representado hoy por hoy por el PRI, o dejarlos pasar y consolidarse rumbo a una extensión de su mandato y, con ello, de su política hacia la población.

Más allá de voluntades políticas, la terca realidad nos marca el camino.

Muchos compañeros quieren encontrar en los teóricos clásicos la respuesta a la realidad sin entender que los teóricos clásicos encontraban en la realidad sus postulados y de allí los explicaban para su aplicación política.

En ese sentido, este año ha demostrado la vigencia de las más amplias alianzas políticas y su aceptación en el imaginario popular. Muchos querrán aferrarse a la pureza. La pureza ha demostrado en los hechos que conduce a la derrota y al mantenimiento del Status Quo. Otros querrán construir alianzas parciales, sólo desde la órbita de las izquierdas, sin entender que nuestros posibles aliados se cansan de despreciarnos como tales, un día sí y otro también. Con ello, insistir en esa política conduce sin dudar al aislamiento puro que abona a la derrota estridente.

Así, las tareas más importantes del período son:

  1. Construir un programa político mínimo que siente las bases de coaliciones político- electorales lo más amplias posibles, en donde el programa defina para que queremos ganar el poder, y no sólo ganar por ganar.
  2. Construir las alianzas que, con base en dicho programa, nos permitan combatir y derrotar al Status Quo.

En estas tareas, de primer orden, el PRD ha venido asumiendo, no sin dificultades un papel protagónico, ¿Lo ha hecho desde las mayorías de los órganos partidarios oficiales?, por desgracia, la respuesta es no. Lo ha hecho desde la disidencia, desde la terquedad, desde la herejía. Esa que hoy no representa a las cúpulas, sino al sentir más amplio y más profundo de las masas, de las bases.

En ese proceso ha jugado un papel protagónico la “no corriente” de nueva creación. Iniciativa Galileos ha sido fundamental. Sin su participación no se entendería la derrota del PRI en al menos cinco Estados de la República en el último proceso electoral. El Dinosaurio, pese a sus múltiples fallas, vicios y errores, estaría vivo y fuerte rumbo a las batallas venideras, no herido de muerte como hoy lo está.

En ese escenario vienen las batallas que se aproximan.

  1. Coahuila, símbolo de corrupción rampante. Del Moreirismo, que representa todo lo peor de PRI, al igual que el Duartismo.
  2. Nayarit, como el Estado prototipo del Aliancismo triunfador de nuevo tipo.
  3. Estado de México, como la joya de la corona, la cloaca más profunda y más preciada del priísmo depredador.

¿Se puede ganar en todos? Por supuesto. Con ello además se consolida como posbile el triunfo de un programa aliancista y de transición den 2018.

El régimen tiene miedo y hay muchos intereses para tratar de impedirlo. Muchos de estos intereses juegan casi sin recato en los partidos “de oposición”, no sólo en el PRD o el PAN, (nadie se ha preguntado ¿por qué MORENA pone candidatos y candidatas testimoniales en estos territorios?).

Es en ese contexto, y no otro, que viene la destitución de Naranjo y Nava de sus cargos en el grupo parlamentario del PRD. Ese temor y nerviosismo ante una tendencia creciente y triunfante los llevó a, ni siquiera, respetar los procedimientos mínimos para legitimar el golpe. Algunos honestamente impulsan el purismo porque creen que es lo adecuado, otro reciben instrucciones desde Bucareli. No me corresponde definir cuales lo hacen por una u otra causa. Al final todos le hacen flaco favor al régimen.

Pueden tener hoy los espacios. Nosotros vamos por un país diferente, y eso no se para con procedimientos ilegítimos ni con firmas falsas, vienen batallas, nos aprestamos a librarlas… y a triunfar en ellas. Va por México.

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