¡Ante la emergencia, Unidad Nacional!

Publicado en por Luis Antonio García Chávez

Peña Nieto y Donald Trump, dos lastres para México.

Peña Nieto y Donald Trump, dos lastres para México.

Ciudad de México a 29 de enero de 2017.

Compañeras y compañeros.

Cómo tal vez no había ocurrido en ningún momento reciente de la historia nacional, vivimos una situación de emergencia que obliga a tomar acciones impostergables para poder combatir los peligros que enfrenta nuestra nación.

Desde niños hemos entonado un himno nacional que nos convoca a la defensa de la patria en momento de ser necesario, pero ese maravilloso himno se convertirá en una serie de estrofas vacías si nos comportamos con apatía e indolencia ante las agresiones que sufre día con día nuestro México.

Digo que esta situación es inédita, pues las agresiones a México vienen en dos frentes simultáneos, por un lado, el Gobierno de la República encabezado por Enrique Peña Nieto, quien día a día realiza acciones contrarias al interés nacional y que ha acumulado en estos poco más de cuatro años de gobierno elementos suficientes para que en un país mínimamente democrático, con el menor respeto al Estado de Derecho hubiera tenido que dimitir.

Por otro lado, la mayor potencia económica y militar del mundo se encuentra ahora dirigida por un tirano megalómano que de manera clara ha declarado la guerra a nuestro país, situación ante la cual, nuestro gobierno ha mostrado postración y sumisión que avergüenzan a nuestra sociedad. Resulta increíble que mejor líderes de otros países como Evo Morales o Nicolás Maduro, medios de comunicación extranjeros y países del mundo defiendan con dignidad y entereza a México, mientras el gobierno peñista busca como complacer a Trump, creyendo que así su andanada de ataques disminuirá.

Sin embargo, las quejas y lamentos no son suficientes. Para combatir al gobierno de Trump, inevitablemente se tiene que combatir al gobierno de Peña en simultáneo, por tanto son ingenuos, por decir lo menos, los llamados que han realizado algunos actores políticos para construir la unidad nacional en torno al presidente, o decir que él nos representa a todos. Al menos a mí, y estoy seguro que a millones de mexicanos, no nos representa ni nos representará.

Por lo anterior, se hace ineludible llamar a la construcción de un gran movimiento de unidad nacional que pueda mover el escenario. Parece difícil, sin embargo, la dignidad y el futuro de nuestra patria nos llaman a realizar, de ser necesario, esfuerzos extraordinarios para avanzar. Hoy necesitamos estar todos juntos, pero no en torno a una unidad maniquea y patriotera, sino en torno a un programa de resistencia mínimo que haga frente a las vicisitudes internas y externas y nos de tareas concretas a realizar.

La única forma en que México puede enfrentar con firmeza a Donald Trump es mediante acciones concretas. Acá la propuesta de algunas de ellas.

  1. En el escenario político.

México tiene que demostrar autonomía y dignidad ante las agresiones del gobierno de Donald Trump. De la misma forma, el pueblo de México y la oposición, tenemos que manifestar nuestro profundo malestar por la política de servilismo del gobierno en turno.

Resulta increíble que en estos momentos de agresión, Peña Nieto haya cancelado su asistencia a la cumbre de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) y que ha trascendido en medios que el motivo de la inasistencia fue, precisamente, porque la CELAC emitiría un pronunciamiento enérgico de condena a las posiciones del nuevo gobierno estadounidense.

Hoy la diplomacia mexicana tendría que estar abocada a tender puentes con el mundo y, sobre todo, con aquellas otras naciones que al igual que México, vienen sufriendo agresiones por parte del nuevo mandatario norteamericano.

México, por tradición, ha sido la mayor parte de su vida un país profundamente solidario en el plano internacional, esta fortaleza, sin lugar a dudas, nos dará la posibilidad, como ya lo está haciendo, de contar con enormes muestras de solidaridad internacional.

En el interior de nuestras fronteras tenemos que crear un amplio movimiento de resistencia y organización nacional que sea capaz de determinar la política que siga el país. Por supuesto que esta unidad no puede ser en torno al Peña Nieto, ni siquiera incluirlo. Hoy, la defensa de la soberanía nacional pasa por la lucha que nos conduzca a la renuncia de Enrique Peña Nieto y todo su gabinete. En este punto además es importante recordar que en momentos que la campaña de Donald Trump se encontraba debilitada, Peña y su gobierno le hicieron un acto de campaña oficial a nombre de México, por lo que tienen gran responsabilidad en su llegada, pero no sólo eso. Si Peña Nieto fue incapaz de actuar con dignidad en México ante quien sólo era un candidato, ¿alguien en su sano juicio puede creer que actuará con dignidad ante quien ya es presidente de la nación más poderosa del mundo?

Como otro elemento de prueba es el nombramiento de un canciller que “viene a aprender” para complacer al gobierno de Trump.

¿Cree alguien acaso que este gobierno puede defender nuestros intereses?, ¿dejamos que nuestro país sea pisoteado dos años esperando que el siguiente gobierno actúe de manera distinta? Ninguna de la dos. Dimisión inmediata de Enrique Peña Nieto.

Y no permitamos tampoco que ante llamados a la unidad en abstracto nos quieran desmovilizar ahora que viene un nuevo gasolinazo, y que las familias mexicanas viven todos los días la mayor inflación en más de veinte años, y una carestía que no para y amenaza la calidad de vida de todas y todos los mexicanos.

  1. En el terreno jurídico.

México debe preparar la batalla en tribunales internacionales contra las decisiones que violenten la legislación y tratados suscritos a nivel mundial. Si bien es cierto que el gobierno de Trump no se frenará por temor a violar las leyes, hoy todas las formas de lucha son absolutamente necesarias y el litigio internacional tiene que acompañar la resistencia en todos los demás sectores de la lucha.

En el plano interno, es ocasión de que México discuta con seriedad y apruebe una política de legalización de las drogas, poniendo especial énfasis en la prevención y la educación y no en la acción militar y punitiva.

Sería absurdo que alguien no reconozca que la guerra contra las drogas que vive México ha sido impuesta por intereses norteamericanos. Además esta guerra ni ha disminuido el consumo ni cuenta con ningún efecto positivo para nuestro país. Es, insisto, parte de una agenda impuesta por intereses del Gobierno de los Estados Unidos. Si hay sectores de la población que hemos insistido en que esta política prohibicionista no tiene sentido, ante la ofensiva del nuevo gobierno norteamericano, creo que es aún más notorio lo absurdo de sostenerla. Una guerra en que gastamos millones de pesos y millones de vidas, dañamos el tejido social y destruimos el país por dentro, sólo para complacer a quien además hoy nos trata como enemigos. Es absolutamente absurdo.

  1. En el escenario económico.

México tiene dos grandes tareas que ha abandonado por décadas y que hoy, ante la agresión de Trump se vuelven necesarias. De toda crisis surgen áreas de oportunidad.

Nuestra economía se encuentra profundamente ligada, más bien subordinada, a la economía estadounidense. Esta relación siempre fue peligrosa, perniciosa y contraria a la soberanía.

Es fundamental que México diversifique sus relaciones económicas. México es la quinceava economía del mundo y lo que producimos y compramos no es nada despreciable para otros mercados económicos. Si el nuevo gobierno norteamericano quiere cerrar puertas en las relaciones económicas entre ambos países, es momento de que abramos nuevas. De manera principal, México tiene que voltear hacia el sur. Podemos, si nos lo proponemos, crear un bloque económico y político con las demás naciones latinoamericanas. Un bloque que sería capaz de irrumpir en el escenario internacional con mucha fuerza.

Paralelo a ello, tender puentes con mercados importantes como la India y China, que seguramente encontrarán atractiva la posibilidad de generar alianzas comerciales estratégicas.

Esto es lo que hay que hacer hacia afuera, pero igual o más importante resulta lo que tenemos que hacer al interior. México ha descuidado por completo el mercado interno. El saqueo del que hemos sido víctimas por años, por parte de gobiernos de todos los partidos y colores ha dejado a nuestro país en condiciones de atraso que tenemos que revertir.

México recibió, en el acomodo económico mundial, la tarea de proveedor de materias primas y mano de obra baratas. Esa era “nuestra fortaleza competitiva” una fortaleza que atraía capitales mientras pauperizaba cada día más a la población. Hoy tenemos que replantear de nuevo nuestro papel en la economía mundial.

Tenemos que industrializar el país en general y el campo mexicano en particular, que hoy compite en desventaja con las grandes potencias mundiales debido a la falta de inversión en tecnología en dicho sector. Tenemos que dar un gran impulso a la educación enmarcada en un plan nacional de desarrollo que valore nuestras fortalezas competitivas y que nos ponga como tarea la generación de mano de obra altamente capacitada para llevarlas a cabo.

Incentivar el turismo como una forma de reactivación económica. México tiene a lo largo y ancho de su territorio la mayoría de los ecosistemas y lugares paradisíacos que serían de gran atractivo para los turistas de todo el mundo. Por supuesto que esto tiene que ir de la mano con frenar la guerra contra las drogas y combatir de manera frontal a la delincuencia y criminalidad. Nuestros destinos pueden ser hermosos, pero nadie acudirá a ellos si siente que en ello se juega la vida.

Tenemos que garantizar nuestra autosuficiencia alimentaria. Para ello el campo mexicano tiene que ser una prioridad a la que se le inyecten recursos y tecnologías. Se tienen que generar también relaciones comerciales dignas entre los productores del campo y el consumidor final. Resulta increíble que hoy la mayor parte de las ganancias queda en manos de intermediarios, mientras los campesinos venden a precios absolutamente castigados sus productos y los consumidores los pagan elevadamente caros. El Estado debiera tomar control de la distribución para acabar con el intermediarismo en beneficio de ambas partes.

Tenemos que recuperar la soberanía energética. Para ello son necesarias varias cosas impostergables.

La primera y más importante es la derogación inmediata de la Reforma Energética, que va en contra del interés nacional y que daña nuestra soberanía y economía al mismo tiempo. Se debe lograr que las refinerías que hay en México trabajen al cien por ciento de su capacidad y con los recursos generados por PEMEX se tiene que hacer una fuerte inversión en su modernización y capacidad productiva, incluida la creación de nuevas refinerías para que no exista necesidad de importar gasolinas que bien podríamos producir en territorio nacional. Para ello es necesario acabar con la corrupción y privilegios de sectores parasitarios que, de la mano de gobiernos apátridas, han saqueado a PEMEX por décadas.

Se requiere también una importante inversión en ciencia y tecnología que nos permita iniciar una migración urgente e impostergable al uso de energías limpias y renovables que nos hagan menos dependientes de los combustibles fósiles y a la par mejoren la calidad de vida en nuestro país y ayuden a evitar el deterioro del medio ambiente a nivel global.

Por otro lado, para que el país retome el crecimiento económico es indispensable recuperar la capacidad de compra de la población, dado lo anterior, es indispensable un aumento salarial inmediato y de emergencia. Y que no digan que no lo pueden hacer por evitar inflación, pues con el gasolinazo han desatado una inflación brutal sin el menor resquemor.

La política fiscal tiene que dejar de perdonar miles de millones de pesos en impuestos a los que más ganan y hacer una recaudación efectiva, además de progresiva y distributiva, grabando entre otras cosas los grandes capitales financieros que circulan a través del mercado de valores.

Finalmente, Trump amenaza con deshacer el TLCAN. Los analistas oficiosos dicen que es lo que más les preocupa, pues “México ha crecido enormemente con dicho tratado”. Es importante recordar que, las izquierdas, siempre nos opusimos al mismo, cuando fue impulsado por Carlos Salinas de Gortari. Trump ha encontrado eco en su país, pues este tratado a dañado a la clase trabajadora norteamericana… como también ha dañado a la clase trabajadora mexicana y canadiense.

Quienes hablan de la preocupación de que México salga del TLCAN lo hacen sustentando como siempre sus análisis en la variables macroeconómicas, según las cuales, este tratado nos ha sido altamente favorable. Sin embargo, si medimos indicadores como el crecimiento de la pobreza y pobreza alimentaria, el deterioro del campo mexicano, la pauperización de nuestra mano de obra, la pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores y otros más, que afectan directamente a la población, el resultado de estos veintitrés años de tratado nos son altamente desfavorables.

Las cifras no cuadran entre uno y otro análisis porque hoy en día, en FORBES, hay más mexicanos en la lista de los hombres más ricos del mundo. Hay empresarios que han amasado grandes capitales. La riqueza nacional ha crecido, pero se ha concentrado en unas cuantas manos aumentando la brecha de la desigualdad.

Hoy nosotros debemos ser promotores de la salida de México del TLCAN y la búsqueda de nuevos acuerdos de integración económica y social, mucho más equitativos y justos, entre otros lados, dirigiendo la mirada hacia el sur y proyectos como el ALBA, el MERCOSUR y otros que serían mucho más útiles para el desarrollo de nuestro país.

  1. En el terreno migratorio.

Resulta vergonzante que nuestra lucha sea encaminada a que millones de mexicanos no regresen a su tierra. Si bien hay que combatir la política migratoria de Trump y exigir un total apego al respeto de los Derechos Humanos, como nación ya es tiempo de que nos demos cuenta que lo mejor para nuestros connacionales es que encuentren alternativas laborales, económicas y de calidad de vida en nuestra propia tierra para que no tengan la necesidad de migrar.

Por otro lado, si bien la política migratoria de Estados Unidos es nefasta, cualquier migrante centroamericano dirá que son peor tratados por las autoridades migratorias mexicanas, que por las norteamericanas. En materia migratoria tenemos una doble moral que no puede seguir un minuto más.

Esta actitud de México, en parte se ha dado por la política de sumisión de nuestros gobiernos ante los norteamericanos, que nos pusieron como “guardianes de su patio trasero”. Como podemos indignarnos por el muro de Trump, mientras sigamos permitiendo el pánico con que viven centroamericanos su paso por el territorio mexicano. Aquí tal vez no hay muro, pero hay violaciones, vejaciones, falta absoluta de derechos, trata de personas, secuestros masivos por parte del narco y mil y un cosas más que nos deberían llenar de asco como seres humanos.

La mejor manera de combatir el muro de Trump en el escenario internacional no es debatiendo por quien deba pagarlo o cómo nos lo va a cobrar. La mejor manera de combatir ese muro es decretando de inmediato en México una política de puertas abiertas a la humanidad, principalmente a nuestros hermanos latinoamericanos. No es posible que, mientras el gobierno de Estados Unidos nos humilla, nosotros le sigamos haciendo en nuestro territorio el trabajo sucio para evitar la migración que viene del sur. Pero sobre todo, no es ético, no es humano.

Que ellos construyan el muro mientras nosotros construimos puentes y abrimos puertas. Esa es la mejor respuesta. Ese tiene que ser el planteamiento de México para el mundo de hoy. No puede existir un país con globalización comercial y libre paso de mercancías por el mundo pero con guetos y obstáculos al libre tránsito de los seres humanos.

  1. En la lucha social.

Debemos apelar a la base, a organizar a la gente. Tenemos que construir un Gran Frente Ante la Emergencia Nacional, en donde quepamos todos los que queremos dar una lucha frontal ante el escenario que estamos viviendo. Ese frente tendrá que fungir como dirección política y organizador de la lucha que, hoy más que nunca, tiene que ser interna y externa.

Todas las medidas antes descritas, aún las más moderadas, son impensables en un gobierno como el actual. Así que una tarea prioritaria para este Frente es pedir la renuncia del actual gobierno y buscar que se establezca un gobierno de transición que responda a intereses populares. El escenario próximo es más que propicio, con el nuevo gasolinazo que se viene en menos de una semana, y con la carestía que seguirá en aumento, sin contar la volatilidad del dólar y el efecto Trump en la economía nacional.

A lo inmediato hay que llamar a una gran movilización mundial de indignación por la política de Donald Trump, que nos convoque a todas y todos a manifestarnos pacíficamente en México y el mundo frente a cada embajada o consulado norteamericano y llamar al pueblo norteamericano a manifestarse en solidaridad, así como a la comunidad latina en Estados Unidos.

Es importante no convertir esta lucha en una lucha contra el pueblo estadounidense, pues muchos nos ven con simpatía y estarían de acuerdo con apoyarnos, llamemos a millones a las calles. La opinión pública en la mayoría de los casos ya nos es favorable, sumemos a millones de latinos en Estados Unidos y norteamericanos a la lucha, que salgan como lo hicieron millones de mujeres en contra de la política de Trump. Llevemos la lucha a su casa, hagamos que su política le sea costosa. Sólo así podremos ganar.

 

Luis Antonio García Chávez, Franky

Suscribo a título personal y soy responsable único de lo aquí expuesto, aunque soy #OrgullosamenteGalileo

 

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