Sobre no saber qué hacer en el PRD (respuesta a Pablo Gómez).

Publicado en por Luis Antonio García Chávez

Pablo Gómez firmando el "Acuerdo Político de Unidad por la Prosperidad del Pueblo y el Renacimiento de México".

Pablo Gómez firmando el "Acuerdo Político de Unidad por la Prosperidad del Pueblo y el Renacimiento de México".

He leído con atención un artículo publicado en su cuenta de Facebook por Pablo Gómez, uno de los que considero hombres más lúcidos de las izquierdas en México, titulado No saber qué hacer” y he considerado necesario reflexionar sobe algunos de los temas que plantea.

En principio de cuentas, al artículo en general, fuera de lugares comunes, le falta lo que muchos habríamos esperado después de leer el título, a saber, una hoja de ruta que pretendiera decir al PRD qué es lo que debe de hacer. Más bien se centra en una serie de críticas, algunas válidas, otras no, y cómo militante destacado (que lo es) no plantea al final una ruta para el partido, sino su ruta personal, muy respetable. Si él cree que el barco se va a hundir inevitablemente tiene todo el derecho a tomar su salvavidas.

La primera omisión que hace Pablo en su reflexión, es que el PRD, fiel a un vicio que es tradición en las izquierdas en México, surge desde un inicio sobre la base de un caudillismo en dónde el partido se pone por debajo de la fuerza carismática de su principal liderazgo. El Partido como instrumento del caudillo y no como elemento que logre desarrollar una vida propia.

Así, la primera etapa perredista la podemos vivir en torno a la figura de Cuauhtémoc Cárdenas y, a partir de 2000, con el crecimiento de la figura de Andrés Manuel López Obrador, la segunda etapa gira en torno a él. El PRD destina durante doce años toda su fuerza política y trabajo organizativo a posicionar al tabasqueño que había sido Presidente Nacional del Partido, Jefe de Gobierno y para 2012, dos veces nuestro candidato a la Presidencia. En esa tarea el PRD empeñó la gran mayoría de sus esfuerzos y, apenas concluido el 2012 y teniendo la posibilidad de fundar su propio Instituto Político, AMLO decide abandonar el Partido, cuando aún estábamos en tribunales litigando las irregularidades cometidas por Peña Nieto y defendiendo a nuestro candidato.

Es importante mencionar lo anterior para contextualizar el momento actual. El PRD, por un lado, se enfrenta por primera vez a la necesidad de ser Partido Político sin depender de un caudillo o líder carismático y por otro, nos enfrentamos desde hace cinco años a una campaña permanente de ataques (algunos justificados y otros no) y un permanente intento de desfondarnos por parte de Andrés, atacando al partido que en mucho le debe su Capital Político actual.

La ausencia del caudillo se substituye por la junta de corrientes en dónde más que intereses partidarios se defiende el interés de grupo de cada una de ellas y la lucha contra AMLO nos pone a la defensiva dentro y fuera del partido. Muchas y muchos compañeros del PRD, ante la necesidad que impone la costumbre de tener un caudillo a quien seguir van yéndose a MORENA y AMLO no centra su lucha en desgastar al PRI o al PAN, sino en desmembrar al PRD, aprovechando que lo conoce por dentro.

Ante esto, cada crítica de Andrés era suscrita por voces dentro del Partido que extrañaban a su caudillo, mientras cada respuesta del Partido a Andrés era censurada por voces que nos llamaban artífices de la desunión. La lucha interna y externa. Hoy, a ese tipo de voces se une la de Pablo Gómez.

El retraso del Consejo, es cierto, es un tema preocupante. El debate central es en torno a la obligación legal de renovar la dirigencia del Partido. Pablo nos dice “lo que no están analizando es que, si se llevan a cabo esos comicios, más del 90% de los votantes acarreados (que serán la inmensa mayoría) corresponderán sólo a tres grupos políticos”. Esa es la visión de él, sin embargo lo que es real es que cada elección interna del PRD ha traído serios enfrentamientos entre los grupos que concurren en ella. Es cierto que hay vicios y deficiencias. Lo que no dice Pablo es que el PRD es el único Partido Político que busca la implementación de métodos de competencia democrática para buscar espacios de dirección y/o de representación. Estos métodos, en una sociedad altamente corrompida como la nuestra, siempre implican riesgos.

Hay quienes para no correr ese riesgo apuestan al método fácil en donde un solo hombre designa con meses de anticipación “promotores de la soberanía nacional” (figura inteligentemente diseñada para violar la ley y hacer actos anticipados de campaña) que después por arte de magia se convierten en candidatos. Los que no, como en kermese son sorteados en tómbolas. Por supuesto que esta metodología elimina el riesgo de las disputas políticas internas abiertas, y nos lleva al todavía más añejo y peligroso vicio priísta de creer que la forma de subir es estar bien con el Gran Jefe del Partido.

Esta es la verdadera disyuntiva que ha postergado el Consejo. Convocamos a elecciones en búsqueda de mantener una cultura imperfecta pero medianamente democrática, sabiendo que los reclutadores de MORENA se frotarán las manos para acercarse al día siguiente a quien pierda en los comicios y ofrecerle el paraíso terrenal, o evitamos las elecciones y buscamos un método no democrático de resolver una sucesión interna, para que de inmediato algunas voces como la del propio Pablo se lancen contra nosotros acusando un acuerdo mafioso de grupos.

Así, Pablo habla de la poca seriedad de las candidaturas de Mancera o Silvano, pero fiel a su título parece que él tampoco sabe qué hacer en el PRD pues no nos menciona otra opción seria de construcción de una candidatura que pueda agrupar a la ciudadanía. En pocas palabras, más que decirnos que no sabemos qué hacer, nos dice que no tenemos otra opción, más que ir como corderos al llamado del pastor cuando se convoque a “la firma del acuerdo por la unidad presentado por Morena y su dirigente” lo cual no es, como dice Pablo, “un reconocimiento del liderazgo que éstos han logrado dentro de la izquierda mexicana”, sino en muchos casos (por supuesto, no en todos) la suma a un proyecto que consideran que tiene posibilidades de ganar, aun cuando no lo compartan. Por desgracia, otro de los grandes vicios de nuestras izquierdas es el oportunismo.

La mayor propuesta que hace Pablo en su escrito es a que definamos nuestra política de alianzas. No indica la ruta explícita para el Partido, pero se entiende que nos sugiere la ruta individual que él ha tomado. Habla de que solos estamos desahuciados, nos dice que “la única esperanza que le queda a sus dirigentes o patrones es una alianza vergonzosa y contraproducente con el PAN” (no creo que sea la única esperanza pero si coincido en este punto que, de darse sería vergonzosa y contraproducente).

Es decir. Si solos estamos muertos, cosa que no comparto, y una alianza con el PAN no debe ser opción en las condiciones actuales, cosa en la que sí estoy de acuerdo, y si además Pablo Gómez ya descartó a nuestros posibles candidatos propios, sin proponer algún otro que él pudiera ver viable para el Partido, la única ruta que nos deja al llamarnos a reflexionar nuestra política de alianzas es MORENA (a dónde el ya acudió al llamado de Andrés Manuel).

Sólo que Pablo olvida algo trascendental en política de alianzas. Se requiere de la voluntad de aquellos que quieran aliarse. Con uno sólo no basta. De la misma forma que no existe el matrimonio unilateral, en donde yo pueda llegar al registro civil a casarme con la chica que me guste en su ausencia y sin su consentimiento, Pablo sabe, como experto parlamentario que es, y que ha sido parte del diseño de buena parte de las leyes electorales de nuestro país, que para registrar una alianza o coalición electoral, se requiere la confluencia de las partes, y AMLO (o sea MORENA) ha dicho no a ninguna alianza con el PRD. Nos dicen que no pueden aliarse con el partido porque “aprobamos el Pacto por México” y hemos sido aliados en las “Reformas Estructurales de Peña Nieto”. Doble discurso y doble moral, porque dieron la bienvenida a Pablo Gómez, miembro del Consejo Rector del Pacto por México y a Miguel Barbosa, quien operó como nadie cualquier reforma o propuesta de Enrique Peña Nieto desde el Senado de la República. Lo que pasa es que no quieren aliarse con nosotros, quieren exterminarnos y a eso, voluntaria o involuntariamente, se une hoy Pablo Gómez.

Si de verdad cree que una alianza es posible, deberá empujarla allá, donde la puerta se ha cerrado, como diría la canción, con tres candados, y no acá en el PRD donde siempre hemos estado abiertos a esa posibilidad siempre y cuando se dé con dignidad y un trato de compañeros.

La otra opción para aliarnos con AMLO sin que él acepte la alianza es que no registremos candidato o candidata. Eso en las leyes electorales mexicanas, lo sabe bien Pablo Gómez, equivale en la vía de los hechos a perder el registro del partido, pues registro y prerrogativas se definen por los votos obtenidos y estaríamos llamando a votar por MORENA. Eso sí es un llamado a suicidarnos.

En la última renovación de la dirección del Partido, yo propuse que eligiéramos como nuestro Presidente a Pablo Gómez, no me arrepiento, creo que era lo mejor, y escribí un documento que repartí entre todos los Consejeros Nacionales tratando de fundamentar dicho planteamiento. En aquella ocasión me conmovió su discurso en tribuna y sabía que ese camino es el que debía seguir nuestro partido. Triste saber que hoy llega a un espacio donde el gran tribuno ya no podrá dar esos discursos porque no se escucha a nadie más que al caudillo y dónde si él planteara la milésima parte de las críticas que ese día hizo desde la máxima tribuna del PRD al propio PRD y que muchos aplaudimos, no tardarían en apagarle el micrófono y llevarlo ante la Comisión de Honor y Justicia.

Más triste aún que una de las mentes más lúcidas de las izquierdas mexicanas hoy tenga que defender un Proyecto de Nación en el cual no participa en su confección, y habrá que ver como recoge y hace suyos los postulados de gente como Alfonso Romo, el empresario y amigo de Salinas, o Esteban Moctezuma, uno de los hombres fuertes del zedillato. Respeto su decisión, cada quien firma lo que quiere firmar.

Y por mi parte creo que lo más apropiado para el país es lograr la unidad de las izquierdas. El PRD en distintos momentos ha manifestado su disposición a ello. No sólo para el 2018, sino en 2016 donde, de haber ido juntas, las izquierdas probablemente habrían ganado cinco gubernaturas. Allí nombramos una comisión integrada por Ifigenia Martínez, Pablo Gómez y Elpidio Tovar. El planteamiento era ir unidos. Hoy las izquierdas estarían mucho más fuertes. AMLO ni siquiera los recibió, eso lo sabe bien Pablo, aunque hoy los dos primeros ya fueron a firmar su acuerdo y allí si fueron bienvenidos, pues Andrés no busca aliados, busca suscriptores de su proyecto.

Muchos planteamos también la unidad de las izquierdas este año en el Estado de México, hubiera sido un golpe mortal al corazón del PRI, pudimos ir juntos con Encinas (quien también ya firmo con AMLO), pero Andrés no quiso. Prefirió poner una candidata débil e ir solo, y hoy, tristemente, existen posibilidades de que el PRI retenga el Estado de México y eso le de vida artificial al dinosaurio.

En el 2018, no nos cerramos a la idea de que las izquierdas vayan juntas, de hecho, muchos creemos que es lo mejor, sólo que con algunos puntos importantes.

  1. Respeto entre las fuerzas.
  2. Un programa consensuado (y por supuesto difícilmente lo será aquel creado por dos adalides del neoliberalismo como Alfonso Romo y Esteban Moctezuma).
  3. Sin candidatos predeterminados. Definir un método democrático para decidir quien encabeza el esfuerzo, de todos modos es lo más probable que sea Andrés (con diecisiete años de campaña ininterrumpida, es muy difícil que haya alguien más posicionado que él), pero que se designe mediante método democrático y consensuado, no por Destino Manifiesto.

Hoy que Pablo está más cerca de ellos, ojalá los pueda convencer. Los que nos quedamos haremos lo propio para que el PRD no cierre las puertas a un gran acuerdo de las izquierdas en condiciones como las antes descritas.

Si no logran convencer a AMLO de lo anterior (lo más probable) deberán entender que el PRD tendrá que lanzar al mejor candidato que tenga y buscar hacer el mejor papel posible en 2018.

No nos pueden pedir que nos suicidemos. Que no registremos candidato y (si quieren) de una vez vayamos al INE a entregar el registro del Partido y lo clausuremos. Según las encuestas (aunque cada día son menos confiables) el peor escenario para el PRD sería rondar el 7%.

Considerando los resultados electorales de 2000 a la fecha, 7% puede ser definitorio. Pasada la elección el PRD tendría que reinventarse. AMLO corre el riesgo de quedar por tercera vez en la orilla, debido a su soberbia. Y si el PRD estuviera condenado a morir en 2018, cosa muy poco probable, al menos moriremos luchando por el partido, no claudicando por adelantado.

Como bien dice Pablo, es triste ver que, en el fondo, no sepa que hacer, y ante ello lo lleve la inercia a sólo estampar su firma, como lo hacen muchos, cuando él podría aportar muchísimo más que eso.

Por otro lado, otros si tenemos clarísimo lo que debemos hacer y tenemos ruta a seguir y tareas para lograr rescatar a nuestro PRD. Por eso #YoMeQuedo.

 

Luis Antonio García Chávez, Franky

Suscribo a título personal y soy responsable único de lo aquí expuesto, aunque soy #OrgullosamenteGalileo

 

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JOSE LUIS DE GANTE 04/15/2017 16:44

jajajaja...un análisis bastante a modo, mas para descalificar que para debatir!!!

Franky 04/17/2017 05:31

José Luis de Gante, igual que Facebook, pura descalificación. Yo doy argumentos. Dime qué de lo que dije es falso o inexacto...