Carta Abierta. (Sobre la Huelga de la Jornada)

Publicado en por Luis Antonio García Chávez

Por Marco Rascón

La Huelga del SITRAJOR

La Huelga del SITRAJOR

A La Jornada viable e inviable

No hay regocijo, sino tristeza y desasosiego por lo que está sucediendo en La Jornada, que no es solo de hoy, sino resultado de una política editorial impuesta sobre la obra colectiva.

Es una tristeza que la realidad haya alcanzado a La Jornada, que fuera espacio de libertad de expresión y crítica y se haya convertido en la atalaya de los defensores del outsourcing, la defensa de privatizar las ganancias y socializar las pérdidas que hicieran las políticas de Miguel de la Madrid, Carlos Salinas, Zedillo, Calderón y Peña Nieto derivados de aquellos pactos económicos oligarcas, para imponer topes salariales y aumentos de precios. Da mucha tristeza que la realidad haya convencido a viejos compañeros que teorizaron y escribieron contra aquellos argumentos y hoy los defienden contra sus propios compañeros.

Se necesita recordar La Jornada incluyente y diversa de Carlos Payán.

Es la tristeza por ver a los que necios y ambiciosos subieron plomo para flotar en el trayecto y quieren sobrevivir ahogando a otros para salvar sus ingresos e ineptitud…con su prestigio.

Son los que cerraron lo que debería ser debate y reflexión y por ello convirtieron en esquizofrenia, el rompimiento entre AMLO y el EZLN; el lopezobradorismo y los de Ayotzinapa; de AMLO contra las feministas, la comunidad LGBTTTI, entrevistadores, los independientes, la UNAM y el rector convocante a movilizarse sin permiso de ellos. La dirección editorial, tomó en todos los casos, absurdo partido por el lopezobradorismo.

Son las consecuencias de una política editorial y administrativa que se cerró a la sociedad y la pluralidad; origen de su existencia, a cambio de los subsidios y los pactos con grupos de poder empresarial, gubernamental y pequeñas mafias de mediocres, cuando más que nunca era necesaria la crítica para advertir y corregir. La Jornada se llenó de silencios.

La Jornada ha sido parte de la historia de las luchas sociales y democráticas. Sismo del 85, damnificados y reconstrucción, lucha de los barrios, CEU universitario, el 88, EZLN e insurrección en Chiapas, solidaridad, el 97 y la ciudad de México, cultura, fiestas, intelectuales productivos y generosos, periodismo de investigación, espacio de debate, suplementos de ciencia, del campo, espectáculos, nuevas expresiones. Todo eso fue y fuimos desde adentro, en medio y afuera, ya sea como protagonistas u observadores.

No era una verdad, era la de muchos entrelazados y críticos, buscando la otra orilla, pero a la mitad vino el naufragio, la realidad de los pagos, las deudas, la administración, los auto prestamos, la caída de la circulación, el 75 % de ejemplares devueltos, las hipotecas, la censura, las gacetillas pagadas por gobernadores corruptos, la dependencia de la publicidad oficialista…y la deuda creciendo.

Se acabaron aquellos tiempos de la coperacha de miles que llegaban con morrallas, que venía de miles de bolsillos; monedas contadas y deudas grupales o sindicales en la avanzada noche para publicar un cintillo para convocar a la marcha o fijar una denuncia.

La Jornada, fue y dejo de ser, la expresión de miles de voces en activismo y militancia, que hoy se invoca, pero dice que los tiempos modernos han cambiado y defender derechos NO es viable y atenta contra la trinchera.

Durante años, la Jornada era lectura obligada y no peligro por la tecnología, sino por los que tomaron decisiones para que la fuerza de lo que la sostenía y la había fundado, fuera suplantada por los presupuestos gubernamentales.

Nadie lo vio venir, pero llegó la idea de destruir La Jornada no desde afuera, sino desde adentro, como ha sucedido a muchas organizaciones sociales, sindicatos y al partido cuyo registro venía desde el PCM y tanto odio le causa al lopezobradorismo.

Surgió la tentación y política editorial, que pretendía dirigir causas, partidos y movimientos, desde La Jornada. Hubo un tiempo en que siendo Andrés Manuel López Obrador, presidente nacional del PRD, casi diario, en las madrugadas revisaba y cerraba las notas del periódico, como interventor, construyendo verdades absolutas para manipular y denostar, editorializando a su favor, lo que era supuesta información. Desde entonces existe una requisa de contenidos y en La Jornada NO existe la libertad de expresión, sino la censura y el control.

La polarización política y el debate prohibido, empezó a generar expulsiones y crear invisibles. Una ley se impuso: todo aquel que salía de sus páginas como reportero o colaborador, incluso accionistas, se convertía en inexistente.

Es larga la lista de los que fueron infantilmente, grotescamente, por estalinismo de caricatura, borrados de cualquier mención en sus páginas. Dijeran lo que dijeran, hicieran lo que hicieran, sus nombres fueron prohibidos con la anuencia y el amedrentamiento hacia los reporteros y redactores que lo redactaran.

La autocensura tenía que ser de base, advertidos ante la consigna. La lista se hizo larga, incluyendo esquelas, como las de Miguel Ángel Granados Chapa o Luis González de Alba: para ellos, estos no existieron.

Todo eso coincidió en tiempo, con la autodestrucción de lo que la misma vocación democrática, colectivamente, históricamente, había construido…la deuda siguió creciendo.

A los colaboradores incomodos se les abrió el insulto a través de correos y anónimos. Cada quién deberá hablar de sus casos por la acumulación de insultos, alentados desde blogs y anónimos contra mismos compañeros. En mi caso (que cada quién hable por el suyo) llegué a cumular más de mil insultos por artículo semanal y muchos de ellos, alentados en blogs y páginas digitales desde la misma Jornada. Por responder delirios y acusaciones de derechismo contra el Movimiento Paz con Dignidad, fui corrido por no aceptar la censura.

Lo que hacía en Televisa contra sus críticos, se iba haciendo en La Jornada, a nombre de la izquierda….y la deuda seguía creciendo.

El poder de los censores fue creciendo y las secciones empezaron a explotar sus fuentes como si fueran concesiones privadas, particularmente las gubernamentales. El maniqueísmo y la idea de “lo importante” se impuso, sobre la búsqueda e investigación constante de la objetividad informativa. Hasta diputaciones fueron conquistadas por ese medio, a través del odiado PRD.

El fallo contra la inexistencia de la huelga del SITRAJOR, no resuelve nada. Solo aplaza y hace más grande la alianza de Morena y AMLO con el cascajo neoliberal y los dueños de las hipotecas de La Jornada, verdaderos propietarios y dictadores de la política editorial.

La crisis es de fondo, porque Demos SA de CV de La Jornada, ya no tiene nada que hipotecar, porque ya está todo hipotecado: edificio, maquinaria, todo… ¿Quiénes son los verdaderos dueños del capital social de La Jornada? ¿Banorte y los Hank González? ¿Slim? ¿Napoleón Gómez Urrutia? ¿Los Duarte? ¿Peña Nieto?

La crisis financiera que la hizo “inviable” y fue el argumento patronal para desconocer el Contrato Colectivo de trabajo, ¿se podría tomar como argumento válido a la total de las empresas del país? La argumentación de La Jornada se hace doctrinaria y aceptar que los neoliberales tienen la razón contra los trabajadores. Es un argumento Tatcheriano, Reganiano y no valdrá un solo argumento próximo desde sus páginas en contra de la reforma laboral y la educativa (que dijeron es laboral) ante el actual alegato de Demos SA de CV manejado contra el SITRAJOR.

Si la resolución, hubiera sido a favor del sindicato, el argumento de “las manos extrañas” cobraría fuerza ¿Qué significa la declaración de inexistencia de la huelga a favor de la empresa? ¿No es ideología pura y aplicación de las nuevas relaciones laborales impuestas por el neoliberalismo, los criterios de la resolución? ¡Pongan sus barbas a remojar los sindicatos, porque sus contratos colectivos hoy están en manos de coyotes, leguleyos y teóricos de esta verdadera nueva izquierda!

Si de caracterizar bloques políticos se trata, el alineamiento es muy claro: La Jornada ya no es el movimiento que la originó y que dejó de ser hace años. Hoy es el órgano de difusión del lopezobradorismo, hecho a su imagen y semejanza, pragmático y sin principios, carente de memoria, sectario y reventador. La defensa de la patronal es al 100 por ciento de militantes e intelectuales adheridos a Morena. Ahí están sus futuros ministros y administradores, teóricos y cortesanos ¿Se los imaginan gobernando, con esos niveles de coherencia y ética?

Parte de la larga noche de la izquierda mexicana, es la crisis de La Jornada y de cuando la intolerancia, el sectarismo, la incoherencia reinventó una nueva forma de fascismo a nombre de la izquierda. La crisis de La Jornada es por haberse hecho a imagen y semejanza del lopezobradorismo: sectaria, oportunista e incoherente.

Existe un informe hasta 2002 sobre la situación financiera de La Jornada, hecho por la Comisaria y reportera de cultura Patricia Vega, quién por informar al Consejo de Administración y proponer correctivos, fuera despedida de la Empresa en 2002 (http://www.etcetera.com.mx/articulo/crisis_en_la_jornada/151/)

¿Por qué no entregan La Jornada a los trabajadores para hacer una cooperativa? ¿Por qué en vez de asesorarse de banqueros y financieros, se asesoran de la Cooperativa Pascual con igual tiempo de funcionamiento y que ha sabido sortear problemas?

A La Jornada la alcanzó la realidad y esta se rompió por la parte más delgada: los trabajadores. La legalidad sindical de un contrato contra la quiebra y la hipoteca; de los que se olvidaron de sus ideas, convicciones y compromisos, contra los que decidieron resistir.

Nadie se hubiese imaginado que sería en la misma Jornada, donde se gestara este brote de resistencia, que deberán analizar los intelectuales e investigadores independientes y honrados.

Por eso, mi apoyo a los trabajadores de la Jornada y su Sindicato Independiente, que no necesita llamar al boicot: la empresa lo ha hecho desde 1996, pues ya se devuelve más del 75 % de las ediciones y con una caída consistente del tiraje desde el año 2000.

Lo que sucede a La Jornada, es parte de un todo. Es un fin de época. Es el final de una larga noche de oscurantismo, reglado por el oportunismo y la corrupción ideológica. Es el final de los que quieren poder para ellos y sus camarillas.

No es una parte, es un todo y la afrenta deberá ser ideológica, programática, ética y política en todos los frentes.

Marco Rascón

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stroncius 07/05/2017 20:36

Después de esta huelga me di cuenta de varias cosas. Tanto el Sitrajor como los esquiroles no merecen tener un medio de comunicación. Varios de los que apoyaron al Sitrajor iban a suscribirse a Reforma, ya que los otros medios ya no sirven. Ojala desaparezca La Jornada.
El socialismo trasnochado no es la solución y eso son los del Sitrajor. Los esquiroles son demasiado pejezombies chairos solovinos, ni yo que soy eso estoy en ese extremo.
Las redes sociales son nuestro único medio de comunicación confiable.