¿A quién convienen las recientes acciones de violencia?

Publicado en por Luis Antonio García Chávez

Estas acciones, evidentemente, no tienen que ver con la lucha social.

Estas acciones, evidentemente, no tienen que ver con la lucha social.

A nuestro entender el terror individual es inadmisible precisamente porque devalúa el papel de las masas en su propia consciencia, las hace resignarse a su impotencia y volver la mirada hacia un héroe vengador y liberador que esperan llegará un día y cumplirá su misión. Los profetas anarquistas de la "propaganda de la acción" pueden mantener todo lo que quieran a propósito de la influencia exaltadora y estimulante de los actos terroristas sobre las masas. Las consideraciones teóricas y la experiencia política prueban que sucede todo lo contrario.

Por qué los marxistas se oponen al terrorismo individual, León Trotsky

A partir del primero de enero, en que se concretó el alza enorme a los costos de los combustibles, mejor conocida como “gasolinazo” se dio un clamor popular de molestia en contra de esta medida. Como hace mucho no se veía, de manera espontánea, decenas, tal vez cientos de miles de ciudadanos salieron a las calles en prácticamente todos los estados de la República a manifestar, de mil maneras distintas, su descontento.

En este proceso ha surgido la creatividad, espontaneidad y multiplicidad de ideas de la gente al entregarse a la lucha popular. Protestas que van desde semáforos informativos, cacerolazos, marchas, tomas de casetas de peaje, liberación de casetas de peaje, bloqueos, jornadas informativas, tomas de gasolineras, bloqueos a gasolineras, asambleas y todo lo que se nos pueda imaginar.

En los primeros días también surgieron, como reflejaron los medios de comunicación, actos vandálicos en contra de centros comerciales y tiendas, incluso se reportaron agresiones a gente de a pie. En poco tiempo, el centro de atención de los principales noticieros no era la protesta social multitudinaria en contra del “gasolinazo”, donde, en la media que la gente vaya incrementando sus niveles de conciencia, derivará una protesta absoluta en contra de la Reforma Energética como generadora de éste. Los principales noticieros reflejaban estos actos violentos. Se convirtió en el tema central de la conversación de muchas mesas familiares, ya no el gasolinazo, sus efectos, ni la protesta popular, sino el saqueo y el vandalismo. Además se generó un estado de paranoia en la población. Gente que no quería salir de sus casas ante el temor de encontrarse con hordas enardecidas que parecía que atacaban a todo lo que se moviera.

Regresamos a la pregunta original, ¿a quién conviene todo lo anterior? Sin lugar a dudas, al gobierno, unas líneas más adelante retomaré este elemento.

Antes de avanzar, quisiera mencionar que veo tres posibles sectores participando en este tipo de acciones, a saber.

  1. Grupos de provocadores directamente pagados por el Estado para inhibir la protesta social. Es decir, grupos que ex profeso y con toda la intención y el contubernio del gobierno llegan a realizar estas acciones para desprestigiar el movimiento social, así como para generar condiciones para una represión masiva a las movilizaciones no violentas, así como desalentar la participación de la gente en las mismas.
  2. Grupos de izquierda “radical” que reivindican la acción directa. Así es, existen grupos dentro de la izquierda que consideran que este tipo de acciones promueven que la gente se levante de manera violenta para “confrontar directamente al Estado y a los patrones burgueses” y con ello acercar el camino a la transformación radical de la sociedad, la que, en su teoría, sólo se logra con la violencia.
  3. Lúmpenes oportunistas. Gente que vive en condiciones de marginación y con falta de instrucción, con falta de conciencia y formación política y que al ver, ya sea a los primeros o a los segundos, cometiendo los saqueos, se sumen de manera espontánea a la “oportunidad”. Incluso, al ver la proliferación de estas acciones, pueden organizarse de manera independiente para armar sus propios saqueos, sintiéndose cubiertos con la abundancia de los mismos.

Es importante, para ubicar lo que pasó, que en el caso de los saqueos recientes se notó una ausencia absoluta, rallante en la complicidad, de los cuerpos policiacos, que sí en cambio reprimieron en la semana muchísimas movilizaciones pacíficas a lo largo y ancho del país. Incluso se han conocido imágenes de patrullas, tanto de la Ciudad de México como del Estado de México subiendo a sus unidades diferentes artículos, producto del saqueo. Esto lo tienen que aclarar los gobiernos de Eruviel y Mancera, y lo tienen que hacer ya y de manera satisfactoria.

¿Qué se provoca con estas acciones, las realice quien las realice?

Sin lugar a dudas los resultados directos son varios, ninguno positivo.

  • Se provoca miedo en la población. Tanto en aquella que estaba apática ante el conflicto, como aquella que estaba iniciando su participación en las acciones de protesta. No es lo mismo (sobre todo para la gente que no está acostumbrada a la movilización) acudir a manifestarse de manera pacífica con cierta sensación de seguridad, que salir a la calle cuando sientes que la violencia y la represión son casi seguras.
  • Se genera desprestigio a la lucha. En lugar de ver a ciudadanos organizados, luchando legítimamente en contra de un atraco gubernamental, la gente ve mañana tarde y noche en los medios de comunicación hordas delincuenciales que no están luchando, sino robando en masa.
  • Se establecen condiciones para la represión. En el primer día de saqueos se habló de 450 detenidos. Muchísimos en un solo día. Como todos vimos las imágenes del saqueo, nadie habló de que el movimiento hubiera sido reprimido, se aplaudió la detención de algunos de los vándalos, nadie habló de presos políticos. Si sólo se detuvo a personas que participaron en los saqueos, tal vez sea correcto, pero yo tengo duda de si los 450 detenidos fueron partícipes de acciones vandálicas o si en medio del río revuelto se aventó la red del aparato represivo del Estado y detuvieron también a gente que sólo iba pasando por el lugar equivocado a la hora equivocada, o incluso personas que participaban en movilizaciones pacíficas, ajenas por completo a los hechos de violencia, pero que sumaron solo un número más en esta contabilidad. Esto no se ha conocido, al menos en los saldos del primer día. Sin embargo lo que sí está completamente confirmado es que en los días posteriores, a lo largo y ancho del país se ha reprimido a varias movilizaciones pacíficas. Mención aparte merece el tema de Ixmiquilpan, Hidalgo, donde incluso se ha confirmado el deceso lamentable de al menos dos manifestantes, podrían incluso ser más.
  • Lo anterior, en un primer momento, puede minar la movilización popular. Llevar a la gente a sus casas en lugar de nutrir las protestas con acciones de masas, bien organizadas. Con ello se baja, sin lugar a dudas, presión al gobierno.
  • Por último, y no menos importante, recordar que en estos momentos una gran parte del país se encuentra prácticamente militarizada. Que los militares se encuentran envalentonados queriendo aumentar su poder e influencia como lo demuestran las declaraciones del Secretario de la Defensa en fechas recientes. Y que se está dando la discusión de una ley de “Seguridad Interior” que prácticamente acabaría de legitimar jurídicamente la militarización nacional. Sin lugar a dudas, un ambiente de vandalismo y violencia generalizada y sin control podría favorecer a los promotores de esta ley, violatoria de Derechos Humanos y contraria al interés nacional.

Así pues, las acciones vandálicas de los últimos días solo favorecen al gobierno y deslegitiman una lucha nacional necesaria, tratando de minarla.

Por cómo se han presentado, lo más probable es que se hayan realizado en su mayoría por grupos ligados al PRI-Gobierno, con la anuencia y las indicaciones de éste. Además no es casual que se den tantas de manera simultánea y la coordinación de su convocatoria en redes, así como de los mensajes de pánico que las acompañaron requieren el respaldo de una inversión económica de algún interesado en generarlas.

Si en medio de esto, grupos de izquierda que reivindican la acción directa o ciudadanos lúmpenes participaron, tal vez ellos no hayan cobrado o recibido instrucciones del gobierno para hacerlo, pero igual lo beneficiaron, así que le hicieron el trabajo “gratis”.

Ante esto, debe haber una condena abierta y generalizada del movimiento a este tipo de actividades. Coordinar cada vez más acciones masivas y pacíficas en dónde se ponga énfasis especial en aislar y denunciar a los provocadores o infiltrados que quieran llegar a desestabilizar la lucha y tener cuidado en informarnos con claridad, para garantizar que no haya acciones represivas contra movilizaciones pacíficas, amparados por la distracción de la provocación.

También es importante tener cuidado en no reproducir rumores no confirmados ni ahondar la paranoia y el temor, allí también servimos, aún sin quererlo, a los fines del Estado ante la lucha que viene.

Tenemos que organizar asambleas masivas donde informemos y politicemos a la gente. Le hagamos ver la necesidad de la protesta y la importancia de no incurrir en acciones espontáneas que dañan a la lucha general, pero sobre todo, tenemos que masificar cada día más la lucha. Mientras más grande sea el movimiento y más plural y creativo sea en sus acciones y organización, menos oportunidad tendrán grupos de infiltrados y provocadores en tener éxito en su tarea.

Por último y en justicia, para cerrar estas líneas es importante afirmar lo siguiente.

Algunos medios de comunicación y plumas al servicio del régimen han querido asociar a Andrés Manuel López Obrador y a MORENA con las protestas violentas y los actos vandálicos.

Quienes me conozcan y me hayan leído sabrán que tengo muchas críticas a Andrés y a su Partido, sin embargo es evidente que este tema es una calumnia absurda desde lo más alto del poder.

Andrés y MORENA tienen cosas cuestionables, pero es de todos conocido, que sus llamados a la movilización los realizan en los cauces legales y pacíficos. Puedo estar seguro que no tienen nada que ver con los actos de violencia acaecidos hace unos días.

Quienes lo acusan es para favorecer al Estado y desviar la atención. Quienes lo reproducen, consientes o no de ello, hacen un favor al Estado mismo.

No porque algunos compañeros de MORENA nos calumnien diciendo que aprobamos la Reforma Energética, aun cuando saben que no es cierto, nosotros podemos caer en ese nivel tan bajo de hacer política. En muchas cosas tenemos grandes diferencias. En este tema, si queremos ganar, debemos ir todos juntos.

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